Cinco cigarros.
Tabaco, filtro y papel.
Tras las rejas del balcón
Dios está muerto y resucitado;
y mientras
nada responde a mi llamada.
Cinco cigarros y medio,
excusas del contenido,
sustancia del contingente,
y no deja de entrar gente
en el lupanar de Dios.
Seis cigarros
y sale a fumar, como yo.
Pero cada vez es más de noche
y a mí me cuesta no observarte.
Lo siento si te escondes.
Lo siento si te marchas.
Lo siento si me prendes.
Ocho cigarros,
un palo,
y cambio de posición.
A veces me siento un poco hombre.
Nueve cigarros
y un final escrito.
Ahora tengo frío
y ya casi no puedo ver.
La herradura entre las rejas
no deja de sangrar espinas;
yagas abiertas:
Ellos me venderán.
Ocho cigarros.
Apago el sonido.
Apago las rejas.
Apago el sol.
Alba se ha despertado.