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martes, 17 de mayo de 2011

A veces cierro los ojos y siento sus labios junto a los míos. La beso y ella también me besa. La acaricio, recorro su cuerpo con la mano, le aparto el pelo con cariño. Siento su mejilla con la mía y otra vez sus labios, y también su cuello, y ahora el mío. Y la abrazo, y la siento, y me gusta. Y la miro, así, desnuda, tan simple, tan frágil, tan bonita; con los ojos cerrados, sé que piensa en mí. Y me acerco, y la beso, y la como y la como los pechos, no me sacio, y la toco y todo se derrite, todo se deshace, todo se evapora, todo es aire, todo es sueño, todo es hueco, porque solo es mente, porque todo es nada.

No la miro porque hablan, no la toco por si piensan, y sigo engañándome. No sé hasta cuándo las lágrimas que corren por mi mejilla harán gala de mi fragilidad; mientras, noche tras noche, solitaria sensación, seguiré enseñándome que no me gustan las mujeres.



[Hoy es el día mundial contra la LGTBfobia]

viernes, 29 de abril de 2011

Lo peor de aquella estación fue la espera. Yo sabía que podía encontrarme cualquier cosa, pero sentada sobre mis maletas lo único que podía hacer era esperar. Por esas vías pasaban todo tipo de trenes; pequeños vagones de cercanías, trenes que recorrían enormes distancias, infinitas plataformas transportando mercadería, cacharrerías lentas, y motores que corrían como balas. Yo misma acababa de ver como una hilera de vagones escapaba de mi propia mirada casi a la vez que entró, al mismo tiempo que una vieja máquina de vapor recogía algunos pasajeros melancólicos de años pasados y ávidos de un poco de turismo de la tercera edad.

Insisto, yo seguía sentada sobre mis dos pequeñas maletas, las mismas que no mucho tiempo atrás me habían parecido enormes, inmensas, y ahora se habían reducido a dos vulgares y simplones maletines para cualquiera que las viese, pero que guardaban el equipaje básico que yo necesitaba. 

Yo seguía sentada sin saber en qué tren me tocaría montar a mí. Sin saber en cuál de todas esas máquinas tendría que seguir yo mi viaje.

jueves, 14 de abril de 2011

14 de abril


"Nobleza hereditaria es la vanidad que yo fundo en que, ochocientos años antes de mi nacimiento, muriese uno que se llamó como yo me llamo, y fue hombre de provecho, aunque yo sea inútil para todo."



"Carta XIII" de las Cartas marruecas de José Cadalso. Año 1789.

miércoles, 19 de enero de 2011

Chute létrico II



Inyectar
Vomitar
Olvidar

Inyectar
Vomitar
Olvidar

Inyectar
Vomitar
Olvidar

Mañana sólo quedará el recuerdo de esa sensación en una ligera resaca.