Hoy es 31 de diciembre, mañana empiezo una nueva agenda. Por el momento, nada más, relacionado con la fecha, me emociona.
Para empezar, todo lo que voy a hacer por ser Nochevieja, desde ahora mismo hasta mañana, me asquea. Además, me asquean los balances de año de la gente y los propósitos de enmienda; 364 días bobos que encuentran o no su sentido en el último, el 365.
Por fin ha llegado el 31 de diciembre y puedo valorar, ¿quiero ser este 2011 tan inmensamente imbécil como el año que se acaba, o prefiero esta vez superarlo? Indudablemente, el 31 de diciembre te ofrece una perspectiva única, desde un lugar privilegiado que no me ofrecía el día de ayer, ni me lo ofrecerá el de mañana. Y no digo nada hoy, que estamos reflexionando hasta la década…
¡Claro!, mañana empieza un nuevo año, así que vivamos desde las doce campanadas como si fuera el último día de nuestra vida; total, hasta dentro de un año menos el último día no hay necesidad de valorar si comer hasta reventar, beber hasta perder la razón, palpar sin disimulo a quien, por cierto, va prácticamente sin ropa por ti, y empacharse de cocaína para aguantar tanta presión, merece la pena o no. Por cierto, con lo que queda hasta el próximo 31 de diciembre, no encuentro el problema en hacer de mi vida una Nochevieja.
Hace justo tres años, aunque siento que no hubiera pasado el tiempo, escribí que “Yo procuro sentir cada día, y pensar si tiene sentido o no, esta función macabra de la que soy protagonista (http://www.fotolog.com/elecodelsilencio/24845664)”; quizá, cuando estás saliendo de una estación de tren, por ejemplo la de San Lázaro, la vida se ve diferente. Suelo creer que pienso como antes, pero ahora reconozco mi frivolidad; yo también me convierto ahora en una persona, cada vez más, al uso. Antes mi principal objetivo era ser buena, ahora mis frustraciones van por otro camino, y yo no termino de tener claro por donde voy.
Supongo, que en cierto modo, yo también he caído en la trampa al reflexionar sobre mi vida en este último día del año, pero recuerdo entonces lo que pasó un año después, y no he cambiado ni un ápice; si tengo que desearos algo, que siga siendo lo mismo: SENSIBILIDAD.
Feliz año de cualquier modo, que es de buena gente el ser amable. O mejor, sed vosotros los felices.
