jueves, 25 de noviembre de 2010

OFELIA (CORO / HAMLET)

Yo soy Ofelia. Aquella que el río no contuvo. La mujer colgando de la soga. La mujer con las arterias abiertas. La mujer de la sobredosis. La mujer con la cabeza en el horno. NIEVE SOBRE SUS LABIOS. Ayer por fin dejé de suicidarme. Ahora estoy sola con mis pechos, mis muslos, mi útero. Destrozo el instrumental de mi cautiverio, la silla, la mesa, la cama. Destruyo el campo de guerra que era mi hogar. Arranco las puertas para que el viento deje entrar al grito del mundo. Destrozo la ventana. Con mis manos sangrantes rompo las fotografías de los hombres que amé y me usaron sobre la cama, la mesa, la silla, el piso. Incendio mi prisión. Tiro mis vestidos al fuego. Arrojo al reloj que fue mi corazón fuera de mi pecho. Salgo a la calle vestida con mi propia sangre. 




["La Europa de la mujer". La máquina Hamlet. Heiner Müller.]






25 de noviembre

sábado, 13 de noviembre de 2010

Vivimos tan rápido que ya no sé como detener el tiempo para ti. Sin embargo, cada vez que monto en un tren, estoy comprando la velocidad suficiente para reposar sin prisa, para abrir un libro por el placer de no tener nada más que hacer, y para, yo sola, decirme sí, la quiero.

Es mi momento de imaginar sin que me pese en la conciencia derrochar minutos útiles. Es el rato en que los segundos se alargan y el tiempo parece que se hace tan infinito como la vía del tren; nunca llega a ti. Y sin embargo, ya estoy de vuelta. Y otra vez la misma prisa y el mismo hastío, y la misma mentira y el mismo paso de los días que sólo saben decir que viven esperando la semana en que vuelva a comprar un billete de tren con destino a la vida. De tren con destino, por fin, a ti.

miércoles, 10 de noviembre de 2010

Otro principio y otro final

El corazón sangra y se retuerce, y dentro de mí ríe el Diablo que sabe convertir todos los dolores en placer. Mis recuerdos, glorias del alma perdidas, son como una música lívida y ardiente, triste y cruel, a cuyo extraño son danza el fantasma lloroso de mis amores. ¡Pobre y blanco fantasma, los gusanos le han comido los ojos, y las lágrimas ruedan de las cuencas! Danza en medio del corro juvenil de los recuerdos, no posa en el suelo, flota en una onda de perfume.

De Sonata de Otoño, Ramón del Valle-Inclán

martes, 9 de noviembre de 2010

Por empezar desde el principio:


MIAJA DE PAN:
            Yo soy la trovadora de la miaja, vengo de allí donde sentir está prohibido, llorar está mal visto y reír es un acto reflejo. Nací en un lugar donde una semana es sólo siete días seguidos y los días una suma de horas repetidos uno tras otro con la misma gracia que tiene el segundero de un reloj, ninguna. El único valor que tiene allí la vida es que es el contrario de la muerte y el propio acto de vivir se antoja más bien como un oficio trabajoso.



De donde yo vengo se aplasta siempre un poquito más el artista que llevamos dentro. La gente no camina, corre. No come, engulle. No habla, sino que escupe palabras a la cara; la gente tiene miedo a las palabras, bueno, a las palabras, al contacto físico, a la verdad... Allí no queda espacio para que se detengan las miradas y hace siglos que no se ha visto a nadie oler. Consumen amor, así que no viven, se consumen.

Vengo de un sitio donde las flores son un anestésico visual, un simple efecto óptico entre tanto negro; de donde no vuelan los pájaros sino el tiempo, por eso he venido aquí, porque no creo que en ese sitio nadie tuviera tiempo para escucharme, o lo que es peor, no creo que yo tuviera tiempo para expresarlo. Soy la trovadora de la Miaja, de la Miaja de pan, encantada de presentarme y encantada de que me conozcáis. No sé muy bien qué he venido a hacer aquí; traigo las manos vacías pero cargadas las palabras y sé que quiero colarme en un cachito de tu semana... poseerte por los oídos y derramarme hasta llegar al fondo... quiero contarte historias, quiero hacerte vibrar... quiero... quiero que sientas... voy a intentar poner una gotita de arte en tu vida... quiero que hagas de tu vida un arte... y quiero que a partir de ahora escuches de manera diferente.




LAS TRANSGRESIONES DE LA MIAJA:
Reventar sentimientos. Contener la lágrima. Reír porque sí. Pasar los días porque hay que pasarlos; nada de empaparme. Sobrevivir por miedo a la muerte.

Caminar por la tierra, no por el cielo. Huir. La gula de tragar sin hambre hasta que el estómago reviente. Vocear y desviar la mirada. Tocarnos sólo como algo feo, sucio y vergonzoso. Seguimos consumiendo amor, seguimos consumiéndolo todo. Y las flores en realidad no existen, y los pájaros llevan un perdigonazo en el corazón. Nadie me escucha, da igual, yo tampoco sé escuchar.

Lo que antes daba vida ahora da muerte. Mi caos mi no caos, mi orden mi desorden. Lo que queda de la Miaja de pan.

“Ahora la cama está de nuevo aquí, el armario allá y la mesa en medio. Y cuando me consume el aburrimiento, recuerdo los tiempos en que fui revolucionario…” (Slawomir Mrozek).




Por volver a empezar.

domingo, 7 de noviembre de 2010

Que ya estoy otra vez...

[…]

Al final no escribiré nada, y acabaré publicando lo que otros sí supieron escribir, lo que encontré por ahí o lo que amigos con más tino que yo dijeron…o acabaré recuperando todo aquello de cuando yo escribía (punto. no digo que bien) cuando era joven y el alcohol y la heroína, y posteriormente las grandes y lujosas fiestas en Ibiza no habían arrasado mi capacidad neuronal; o simplemente leeré.

Supongo que con este blog, tengo que aceptar, finalmente, que ha vuelto la Trovadora de la Miaja, de la Miaja de pan. ¡Lo bueno de la ficción! Que al final, lo que yo maté pensando que había cavado mi propia tumba, desentierro ahora a mi antojo y según me conviene, para volver a sentirme un poco la dueña de la miscelánea de mi vida, y de la miscelánea, ahora, de este blog.

¡Ah…! Y la foto no es casual…