lunes, 29 de agosto de 2011

Styska se mi po tobe


O cómo regresar a ese país ya tan por suerte o por desgracia casi olvidado. El sudor caliente y las taquicardias, el vértigo al borde del roce de tu piel, las cosquillas que se creían disfrazadas de simple afecto aun siendo sospechosamente pasional, la tinta, las páginas, las canciones, los perdones, las tan inmensas humillaciones, el inalterable dolor.

La ignorancia y de verdad por sentir los besos a través o entre (escondidos) la ropa. Tantas horas de espera comiéndome la pantalla del ordenador; lo siento, ¡me cago en ti trescientas veces!, me parto en dos, no puedo ayudarte(me) con el armario. La ignorancia, Kundera, un alma pérdida y el mismo lugar común que parecía que inventamos.

Mi centro la facultad. Mis lecturas tus palabras. Mi vida tu antojo, tus drogas, tu (¡cómo la envidiaba!) infelicidad. Styska se mi po tobe, y se mezclan la nostalgia (que me ha encontrado sin querer), el futuro y ese tan extraño amor. Mi número favorito me lo presentaste tú, evidencio de nuevo esta ignorancia. Y no sé si es por ti, por mi o por él, por los dos, por las dos, o por los tres; domingo por la tarde en mi canción, sexo que nunca llegó a ser.

Quiero decir que me he topado con la angustia de los veranos sin ti, y he vuelto a mi viejo eco del silencio donde no sé si te sigues asomando por saber qué llevo dentro. Él ya lo sabía, yo se lo conté, tú siempre lo ignoraste. Y este mundo no cambia su eje y una cuarta en discordia me ha lanzado a este inesperado recordar, añorar, saudade, morriña, sehnsucht. Ya no pronuncio tu nombre, aunque se me traba el puto fenómeno gramatical (sí que llega a ser insoportable esta levedad del ser...).

Y no sé si volví a sentir como un ser humano, pero otra puta vez tú no fuiste la causa de esta tristeza y la causa de esta felicidad.  

martes, 9 de agosto de 2011

Ahora la ventana azul y la escombrera gris son adoquines desde tres alturas donde la nube de tabaco se hace más densa y la luz es solo reflejo en la poyata de PVC... Y sigo sin encontrarme en el mapa donde las únicas coordenadas son su nombre y  el vacío, ¡no existe el trazo! Es el silencio más sonoro, es la angustia más honda, es la soledad tan concurrida... Es el espacio hueco que no encuentra con qué delinearse mientras sangra el tintero sordo sobre la mesa la zozobra de la desorientación... No hay borrón, no hay cuenta nueva. En el mapa donde me busco solo cartografían sus manos; yo me estoy buscando a mí, si las veis, decidles que me encuentren, por favor.

martes, 2 de agosto de 2011

“Reduciendo su memoria a una pila de frases sin atractivo literario, nos enseñó que la literatura en esencia es eso: ofrecer memoria, invitar a hacer memoria, compartir recuerdos, añadir recuerdos a la bolsa donde guardamos todos los “me acuerdos” que son nuestra vibrante necrológica, que nos hacen ser quienes somos, criaturas que se diferencian apenas en el hecho de que uno se acuerda de los muslos poderosos de Raquel Welch y otro de las piernas veloces de Zatopek.”


[Tanta gente sola - Juan Bonilla]