[...]
Hoy
que ya había asumido que mi vida está vacía
y no tengo nada que la pueda llenar
y que dejé mis cuadernos en el cajón
porque ya nunca no hago de normal
falacias es eso de la inspiración
y siempre encuentro algo mejor, alcohol [...].
Existió una persona que podría entenderme. Pero fue, precisamente, la persona que maté.
jueves, 30 de junio de 2011
sábado, 25 de junio de 2011
El tiempo es mentira: los días no tienen 24 horas y un instante es una eternidad.
Luego está eso, que se hace grande y rompe el límite. Que pasa por encima de todo, del tiempo, que no existe, y del espacio, que hace una cama inabarcable. Digo eso porque no sé cómo mierdas se llama, y porque, qué cojones, no sé lo que es. Pero eso ha convertido los pronombres personales en una conjugación. Yo conjugo, tú conjugas, ella conjuga, y no tengo claro si quiero seguir conjugando tu piel con mi saliva. El presente ha reventado y el futuro inmediato, vacío, juega a llenarse con la ansiedad. Siempre hay días pienso que terminan con textura del sueño, con palabras clavadas en el estómago, en la piedra que tira hacia arriba o en la garganta equivocada de lugar. Con palabras clavadas. Con la conjugación clavada. Con los pronombres clavados. Hay noches que estallan mi concepto tiempo, y lo que estalla a veces es difícil de remediar.
viernes, 17 de junio de 2011
Me has vuelto a desterrar. Ni si quiera te importo. He vuelto a la cueva de mis libros, mis canciones, mis historias. He vuelto a pasar el día sin luz. Y me pides que entienda lo que no conozco mientras te inventas muda. Te da igual. Te resulta indiferente mi contento, has trotado sobre mi llanto y odias mi noche porque solo piensas en tu disfraz. Así, a la noche me condenas. Es triste para mí. Para ti lo es más. Siempre más. Pero esta vez no cedo; aquí me dejas, aquí me quedo. Mañana te sentiré llorar, seguro. Pero no podré verlo porque estoy de nuevo encerrada en este cuarto con la persiana caída, las letras revueltas y el corazón encogido. Piénsalo, no queda tanto para que no puedas tropezarme. Estoy cada día más lejos.
lunes, 13 de junio de 2011
Siempre lo pensé
pero algo siempre me arrastró
y pesa tanto la costumbre
que me he resignado a sin vivir con ella
añado cuando por fin fue que sí
lloré tanto que no supe decir no
porque a veces quien pone los sentimientos
se equivoca de lugar
y clava sensaciones
en gargantas inciertas
y destierra orgasmos
al cuerpo de otra mujer
y la apatía de la carne
y el motor del porque sí
que es por ti, que no es por mí
creo o quiero creer
y se vacían los te quiero
y las caricias nunca tocan
nunca llegan a tu piel
que ya no existe, que ha cambiado
olvido el detalle, emoción
y emigro sin querer a otras miradas
porque los trenes ya no duelen
y sí hiere la verdad.
Inercia de este vacío.
No digo adiós, dímelo tú.
No digo adiós, bésame tú.
No digo adiós, tiémblame tú.
[Dolores]
martes, 7 de junio de 2011
Se pone duro como una piedra y duele. Y es tan fuerte la manera en que trepas y corrompes que no he podido ni escribir. Tengo ganas de besarte. Me taladra. Pero también tengo ganas de salir corriendo y escapar a no sé dónde, a no sé con quién. Que me tape la boca, que me deshaga el nudo, que me arranque de cada latido el dolor. Que me corte la soga que tira de la piedra hacia arriba y del amor hacia la piedra, que me derrita el dolor del alto y me llene las ganas de los bajos; que me busques, que me arrojes, que me hagas tu contradicción.
Que es dolor físico y no es mejor si no me congelas la sangre.
miércoles, 1 de junio de 2011
Faltaban cuatro días y decidimos hacer caput. No hablar, no ver, no sentir, no respirar. Me arranqué el corazón y lo violé.
En la ducha me he acordado de ti, porque lloraba. Y he recordado La vida es sueño, y que intentabas meter el cielo entero en tu habitación ¡yo te había robado la mejor estrella!
Nada ha cambiado desde anoche, salvo que ahora respiro con la boca abierta por si el aire quiere deshacer el nudo. La primavera nos ha pillado a contratiempo.
Por qué tienen que separarse las personas que se quieren.
Por qué dejaron de existir las parejas que se comían a besos en la estación.
Mi pelo enrollado en tu aro y mi móvil que no ha vuelto a sonar. De escéptica a peregrina. Ahora recorro las estaciones de nuestros primeros besos, tu sonrisa, mis nervios, el miedo, la ilusión. Y de vuelta: quién hará tu trabajo debajo de mi falda. Quién.
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