martes, 31 de mayo de 2011

Duele duele duele duele duele duele duele duele duele duele duele duele duele duele duele duele duele duele duele duele duele duele duele duele duele duele duele duele duele duele duele duele duele duele duele duele duele duele duele duele duele duele duele duele duele duele duele duele duele duele duele duele duele duele duele duele duele duele duele duele duele duele duele duele duele duele duele duele duele duele duele duele duele duele duele duele duele duele duele duele duele duele duele duele duele duele duele duele duele duele duele duele duele duele duele duele duele duele duele duele duele duele duele duele duele duele duele duele duele duele duele duele duele duele duele duele duele duele duele duele duele duele duele duele duele duele duele duele duele duele duele duele duele duele duele duele duele duele duele duele duele duele duele duele duele duele duele duele duele duele duele duele duele duele duele duele duele duele duele duele duele duele duele duele duele duele duele duele duele duele duele duele duele duele duele duele duele duele duele duele duele duele duele duele duele duele duele duele duele duele duele duele duele duele duele duele duele duele duele duele.

martes, 17 de mayo de 2011

A veces cierro los ojos y siento sus labios junto a los míos. La beso y ella también me besa. La acaricio, recorro su cuerpo con la mano, le aparto el pelo con cariño. Siento su mejilla con la mía y otra vez sus labios, y también su cuello, y ahora el mío. Y la abrazo, y la siento, y me gusta. Y la miro, así, desnuda, tan simple, tan frágil, tan bonita; con los ojos cerrados, sé que piensa en mí. Y me acerco, y la beso, y la como y la como los pechos, no me sacio, y la toco y todo se derrite, todo se deshace, todo se evapora, todo es aire, todo es sueño, todo es hueco, porque solo es mente, porque todo es nada.

No la miro porque hablan, no la toco por si piensan, y sigo engañándome. No sé hasta cuándo las lágrimas que corren por mi mejilla harán gala de mi fragilidad; mientras, noche tras noche, solitaria sensación, seguiré enseñándome que no me gustan las mujeres.



[Hoy es el día mundial contra la LGTBfobia]

sábado, 14 de mayo de 2011

15 de mayo DEMOCRACIA REAL YA

Decía Don Filiberto en Luces de bohemia que "Afortunadamente hay una juventud que no son ustedes, una juventud estudiosa, una juventud preocupada, una juventud llena de civismo", y eso es precisamente lo que nos toca demostrar mañana.

Si los medios de "comunicación" quieren silenciar la voz del pueblo, ya nos encargaremos nosotros de hacernos oír en cada rincón de la ciudad, ya nos encargaremos de que no exista una sola persona que no haya escuchado que estamos hartos. 

Pedimos democracia, democracia real; pedimos lo que es nuestro. 

El domingo 15 de mayo a las 18:00h tenemos que tomar la ciudad. ¡¡NOS VEMOS!!



miércoles, 11 de mayo de 2011

Me dan miedo las tormentas porque provocan fuego.
Fuego que arde
fuego que quema
fuego que abrasa.
Me dan miedo las tormentas porque el agua no puede sofocar las llamas.
Me da miedo la calma.
Calma arrasada
calma vacía
calma de nada.
Me da miedo la calma porque olvida la tormenta que no pudo sofocar las llamas.
Me dan miedo mis tormentas porque provocan fuego.
Fuego que me arde
fuego que me quema
fuego que me abrasa.
Me dan miedo mis tormentas porque no hay agua que sepa sofocar las llamas.

sábado, 7 de mayo de 2011

Escena sexta

El calabozo. Sótano mal alumbrado por una candileja. En la sombra se mueve el bulto de un hombre. Blusa, tapabocas y alpargatas. Pasea hablando solo. Repentinamente se abre la puerta. MAX ESTRELLA, empujado y trompicando, rueda al fondo del calabozo. Se cierra de golpe la puerta.

MAX: ¡Canallasl. ¡Asalariados! ¡Cobardes!

VOZ FUERA: ¡Aún vas a llevar mancuerna!

MAX: ¡Esbirro!


Sale de la tiniebla el bulto del hombre morador del calabozo. Bajo la luz se le ve esposado, con la cara llena de sangre.

EL PRESO: ¡Buenas noches!

MAX: ¿No estoy solo?

EL PRESO: Así parece.

MAX: ¿Quién eres, compañero?

EL PRESO: Un paria.

MAX: ¿Catalán?

EL PRESO: De todas partes.

MAX: ¡Paria!... Solamente los obreros catalanes aguijan su rebeldía con ese denigrante epíteto. Paria, en bocas como la tuya, es una espuela. Pronto llegará vuestra hora.

EL PRESO: Tiene usted luces que no todos tienen. Barcelona alimenta una hoguera de odio, soy obrero barcelonés, y a orgullo lo tengo.

MAX: ¿Eres anarquista?

EL PRESO: Soy lo que me han hecho las Leyes.

MAX: Pertenecemos a la misma Iglesia.

EL PRESO: Usted lleva chalina.

MAX: ¡El dogal de la más horrible servidumbre! Me lo arrancaré, para que hablemos.

EL PRESO: Usted no es proletario.

MAX: Yo soy el dolor de un mal sueño.

EL PRESO: Parece usted hombre de luces. Su hablar es como de otros tiempos.

MAX: Yo soy un poeta ciego.

EL PRESO: ¡No es pequeña desgracia!... En España el trabajo y la inteligencia siempre se han visto menospreciados. Aquí todo lo manda el dinero.

MAX: Hay que establecer la guillotina eléctrica en la Puerta del Sol.

EL PRESO: No basta. El ideal revolucionario tiene que ser la destrucción de la riqueza, como en Rusia. No es suficiente la degollación de todos los ricos. Siempre aparecerá un heredero, y aun cuando se suprima la herencia, no podrá evitarse que los despojados conspiren para recobrarla. Hay que hacer imposible el orden anterior, y eso sólo se consigue destruyendo la riqueza. Barcelona industrial tiene que hundirse para renacer de sus escombros con otro concepto de la propiedad y del trabajo. En Europa, el patrono de más negra entraña es el catalán, y no digo del mundo porque existen las Colonias Españolas de América. ¡Barcelona solamente se salva pereciendo!

MAX: ¡Barcelona es cara a mi corazón!

EL PRESO: ¡Yo también la recuerdo!

MAX: Yo le debo los únicos goces en la lobreguez de mi ceguera. Todos los días, un patrono muerto, algunas veces, dos... Eso consuela.

EL PRESO: No cuenta usted los obreros que caen...

MAX: Los obreros se reproducen populosamente, de un modo comparable a las moscas. En cambio, los patronos, como los elefantes, como todas las bestias poderosas y prehistóricas, procrean lentamente. Saulo, hay que difundir por el mundo la religión nueva.

EL PRESO: Mi nombre es Mateo.

MAX: Yo te bautizo Saulo. Soy poeta y tengo el derecho al alfabeto. Escucha para cuando seas libre, Saulo. Una buena cacería puede encarecer la piel de patrono catalán por encima del marfil de Calcuta.

EL PRESO: En ello laboramos.

MAX: Y en último consuelo, aun cabe pensar que exterminando al proletario también se extermina al patrón.

EL PRESO: Acabando con la ciudad, acabaremos con el judaísmo barcelonés.

MAX: No me opongo. Barcelona semita sea destruida, como Cartago y Jerusalén. ¡Alea jacta est! Dame la mano.

EL PRESO: Estoy esposado.

MAX: ¿Eres joven? No puedo verte.

EL PRESO: Soy joven. Treinta años.

MAX: ¿De qué te acusan?

EL PRESO: Es cuento largo. Soy tachado de rebelde... No quise dejar el telar por ir a la guerra y levanté un motín en la fábrica. Me denunció el patrón, cumplí condena, recorrí el mundo buscando trabajo, y ahora voy por tránsitos, reclamado de no sé qué jueces. Conozco la suerte que me espera: Cuatro tiros por intento de fuga. Bueno. Si no es más que eso...

MAX: ¿Pues qué temes?

EL PRESO: Que se diviertan dándome tormento.

MAX: ¡Bárbaros!

EL PRESO: Hay que conocerlos.

MAX: Canallas. ¡Y ésos son los que protestan de la leyenda negra!

EL PRESO: Por siete pesetas, al cruzar un lugar solitario, me sacarán la vida los que tienen a su cargo la defensa del pueblo. ¡Y a esto llaman justicia los ricos canallas!

MAX: Los ricos y los pobres, la barbarie ibérica es unánime.

EL PRESO: ¡Todos!

MAX: ¡Todos! ¿Mateo, dónde está la bomba que destripe el terrón maldito de España?

EL PRESO: Señor poeta que tanto adivina, ¿no ha visto usted una mano levantada?
Se abre la puerta del calabozo, y EL LLAVERO, con jactancia de rufo, ordena al preso maniatado que le acompañe.

EL LLAVERO: Tú, catalán, ¡disponte!

EL PRESO: Estoy dispuesto.

EL LLAVERO: Pues andando. Gachó, vas a salir en viaje de recreo.


El esposado, con resignada entereza, se acerca al ciego y le toca el hombro con la barba. Se despide hablando a media voz.

EL PRESO: Llegó la mía... Creo que no volveremos a vernos...

MAX: ¡Es horrible!

EL PRESO: Van a matarme... ¿Qué dirá mañana esa Prensa canalla?

MAX: Lo que le manden.

EL PRESO: ¿Está usted llorando?

MAX: De impotencia y de rabia. Abracemonos, hermano.


Se abrazan. EL CARCELERO y el esposado salen. Vuelve a cerrarse la puerta. MAX ESTRELLA tantea buscando la pared, y se sienta con las piernas cruzadas, en una actitud religiosa, de meditación asiática. Exprime un gran dolor tacíturno el bulto del poeta ciego. Llega de fuera tumulto de voces y galopar de caballos.


[Luces de Bohemia]