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martes, 27 de noviembre de 2012


La autopsia determinó que había muerto por caer en los brazos que no debía; así que nosotros decidimos caer sin freno en nuestra propia ficción; colección de litronas vacías, conversaciones suicidas y muerte del despertador. La ausencia se hace urgencia. Quizá sí os deis cuenta de que anoche estuve puesta hasta el puto culo y hoy me cuesta no vomitar. Faltaba sexo. Anoche decidí no salir de casa y quedar conmigo para follar. Sexo duro. Sin ganas ni lubricación. Otra forma de no pensar. Otra forma de avanzar hacia atrás. Es el espiz más efectivo para olvidar y la resaca jode más que tu no presencia. Otra forma de avanzar hacia atrás. No alcanzó el equilibrio. Murió porque olvidó que hasta ahora todo va bien, hasta ahora todo va bien, hasta ahora todo va bien; pero lo importante no es la caída, es el aterrizaje.

miércoles, 22 de agosto de 2012

O lo que es lo mismo: Hostias pragmáticas para amores románticos.


Solo sé escribir bajo exigencia.
Y la poesía me trae de decepción en decepción.
Así pues, no escribo.
Sentimiento intertextual que no consigo plasmar;
sigo huyendo del monosílabo,
pero en mi cabeza.

Sin anáforas no me sé explicar,
y ya solo conozco la anáfora de tu indiferencia.
De noche no sueño, narro.
Oniria o cómo dar vueltas sobre el colchón.
El gusto por esa canción que no te habías parado a escuchar.

El cuento de las horas paradas en el reloj.
Kilómetros que malbaratan el sexo
y alimentan el exceso de peso.
Que el juego siga. Que nos mate la ira
mientras a todas nos falte valor.





martes, 12 de junio de 2012

Huyendo del monosílabo


Nunca fue de aniversarios, y en la última revolución tuve que bajar las escaleras de cuatro en cuatro. Pared donde todo lo veo. Transparencia imposible de atravesar. Yo soy ruido. Tú silencio. Más te llena su nombre, más vacío mi cuerpo está. O que yo sí soy de aniversario: el nudo y la piedra. O que llorar hasta altas horas sin exhibición es como no haber llorado. Como no haber estado. Una ficción. Y ya me coso las heridas mientras invitas a otras chicas a salir. El don de compartir. El don de partir
me.
Ahora me explico por qué cabe tanto amor en ese cuerpo. Nudo y piedra. Nudo y piedra. Y hasta cuándo eres capaz si se nos pudre el corazón.

jueves, 22 de marzo de 2012

Las palabras y las porras

Enmendando el dicho,
a un palmo de la cara la porra del vigilante que sube las escaleras delante de mí,
dime con qué trabajas y te diré quién eres.

viernes, 16 de marzo de 2012

Construir el futuro es sepultarse poco a poco en el sinsentido que repudias de los demás. Hacer de los horarios, la ropa, las fechas de caducidad, la máxima preocupación. Volcar la vida en números, protocolos, ir de aquí para allá y que sobre tiempo para invertir en Zara, no comer entre horas. Llevar una vida ordenada, con borrachera los sábados, claro, y la licencia de hablar, por ejemplo, de cómo va el país, a fin de cuentas, no somos seres vacíos. No hay polvo sobre los muebles y sé decirte qué comeremos durante todo el mes, aunque a veces me empeñe en ser otra, o sea yo. Asumido pues que el futuro es negro, no por ellos, sino por ser yo como vosotros, alargo el gesto, y amargura en mano me cuelo entre la masa asustada por los fallos del wassup, y no, no me distinguís, porque trabajo para quién, hace tiempo que olvido que tengo sueños y vocaciones, me levanto y ejerzo, limpio y planifico, gasto las horas clavada en el vacío para volver a empezar, ¡vaya!, cuántas cosas que hacer, qué ocupada estoy, el ordenador me va a comer la vida. Ahora me empeño en que mis zapatillas parezcan siempre nuevas, así llegaré como si nada, como si no hubieran pasado hoy o ayer, a la existencia nueva, que como siempre espero que sea mañana, porque olvido que tengo tren de huida hacia el pasado, hacia aquí nada ha cambiado, os lo inventáis. Tren de números, trabajo porque olvidé que iba a morir, hice kilómetros para comprar felicidad pero solo traje ropa, tren de alta velocidad, como estos días. Y suena el teléfono, y estamos en crisis, ¡polvo de la semana!, y ya es primavera, te quiero cariño, ocho de la mañana, dormir.  

Qué asco me dais. Pero sobre todo, me dais asco porque me estoy convirtiendo en uno de vosotros.

martes, 14 de febrero de 2012


Mi abuela es viuda, como yo. Desayunar, esperar a comer, comer, esperar a merendar, merendar, esperar a cenar, cenar, hacer tiempo, dormir.

Mi abuela llora a la foto de mi abuelo. Yo lloro delante del ordenador. Mientras mi abuela llora se hace un atajo la muerte; a mí la viudez me vino por casarme con ella. Yo lloro por hacerle un atajo a la vida.

Y así, viudas, se nos consumen los días; haciendo atajos. Desayunar, esperar a comer, comer, esperar a merendar, merendar, esperar a cenar, cenar, hacer tiempo, dormir.

viernes, 27 de enero de 2012

La casa del terror

[…]

Tú que no has creído nunca en los fantasmas empiezas a verlos en cada acelerón, los escuchas en cada planta, y cuando quieres darte cuenta, uno de los de verdad, no de los de sábana, de los que tienen cara, de los que fueron vivos, de los que no distingues si tienen más putrefacto el cerebro o el corazón, está sentado entre las dos. Y como si de la resurrección se tratase, aquel cuerpo empieza a tomar forma y a mostrarse con nitidez, y sin entender ni cómo ni por qué el fantasma se ha apoderado de mi chica, mi cazuela, de mi luna de miel, y yo estoy ahora en el asiento de atrás, y me convierto en el niño, la niña, en el intento de avivar el fuego pasado del amor, el segundo plano de la foto, el premio de consolación. Y yo que no creía en los fantasmas no puedo dejar de gritar…

Existen. Resisten.

miércoles, 25 de enero de 2012

Nuestra felicidad es como la mermelada de las tostadas que nunca desayunaremos,
de fresa, pero de mentira.

martes, 24 de enero de 2012

A partir de ahora podrás leer la historia de mi vida en prosa. En la misma prosa con la que se escriben los ensayos de gente con traje. No novela. No texto corrido de elevada pretensión. Prosa de tratado macroeconómico, prosa de bajos beneficios y menor inversión. Desde ahora en adelante mi vida se escribe con la prosa de los muebles sin polvo, los zapatos ordenados, el pijama bien doblado, y la puerta cerrada para que no se vaya el calor. Ésta es la prosa de los libros colocados, todos los correos contestados. Prosa exacta. La prosa de producir en cadena ausencias, tedio y ansiedad. Prosa milimetrada, mínimo dos horas entre fumar y fumar. Síndromes controlados, vómitos edulcorados. Mi vida es una prosa tan cuidada que no tiene manchas ni duelos, ni graves excesos, y ahora tampoco ingiero alimento engordador. Los trenes han cogido la mala costumbre de madrugar y ahora tengo café, galletas, yogur, pero no tú para desayunar. La prosa de las sábanas pegadas al colchón. Prosa de una indebida despedida…

jueves, 29 de diciembre de 2011

Cuando tenía once años me arrancaron el corazón,
me robaron la capacidad de amar,
me privaron del sabor amargo de los besos.
Con catorce me destrozaron el pecho a zarpazos.
Cuando tenía catorce años me arrancaron el coño,
me devolvieron pura la capacidad de amar,
me salvaron de la suciedad del sexo.
Crecí.
Amé sin amar.
No follé.
Nadie me enseñó a follar.
Nada tenían que ver amar y follar.
Me arrancaron el corazón,
me prohibieron amar,
me instruyeron en la amargura de los besos
(¡bienaventurado el que escapa a su dulzor!),
despedazaron mis pechos,
y aprendí la vergüenza de follar.
Mística.
Pura.
Inmaculada.
Noble.
Buena.
Ejemplar.
Cuando tenía veintidós años me ensucié.
No con veintiuno.
Tampoco con veinte, diecinueve, o hacia atrás.
Me ensucié con veintidós años.
Cuando tenía veintidós años se hizo más grande el hueco del corazón,
resurgió la capacidad de amar,
gozó mi cuerpo del sabor amargo de cada beso.
Con veintitrés consumo el tiempo por mirarte.
Cuando tenía veintidós años abrí mi coño,
me ensucié,
me corrí,
me calé,
me morí entre tus piernas.
Con veintitrés me consumo ante tu fotografía.
Con veintitrés años duermo abrazada a un cojín.
Quemo las horas mirando tu fotografía.
Chupo presencia y ausencia.
Con veintitrés años.

miércoles, 28 de diciembre de 2011

Repito en mi cabeza tus últimas palabras una y otra vez. No sé bien si por aprenderlo de memoria o por convencerme: dijiste justo lo que yo quería oír. Debajo del edredón soy la más fuerte, nadie se atreve a molestarme… Solo, y alguna vez, esa ansiedad que me golpea con violencia el pecho y me obliga a retorcer el cuerpo entre las sábanas como sufrido de un orgasmo de dolor… Pero ningún (in)humano alarga su mano hasta aquí, así que dedico mis horas negras a construir un escudo que me proteja de ti, a convencerme de que no falta uniforme en esta guerra, mientras espero, ¡Ay de mí! que aparezcas en realidad desarmada y me rescates de entre la ropa y la oscuridad… Que me tomes desnuda, sin armas, y me lleves a recorrerte… Como me han contado que se hace en tantos poemas… Si me encierro es por fe en tu salvavidas, si me callo es la esperanza en tus palabras, aunque ya sé… la bruma no es tan espesa en esa otra orilla.

lunes, 26 de diciembre de 2011

Así como me abro yo
rájate tú ante mí.
No necesito defensa.
Arráncame el pecho
cómete mi corazón,
dales a tus perros mi corazón
dáselo a tus perras
mira cómo sangro,
mira la sangre cómo la vomito…
Rojo y negro.
Coágulos negros.
Vamos a hacer el amor.

domingo, 25 de diciembre de 2011

Se me hace difícil la cama. Por la montaña de ropa, por el agujero de estómago, por la falta de sueño y el exceso de comida. Se me hace difícil la cama en mi huida hacia no pensar, en mi búsqueda del qué sentir, en mi caída en picado hacia la más bruta indolencia.

Se me hace difícil la cama por la pereza de vivir. VIVIR CON MAYÚSCULAS. Se me hace difícil la cama  por ti y sin ti.

Se me hace difícil la cama con esta mierda por el suelo, con el futuro drogado, con el pasado drogado, con el presente vomitado. Se me hace difícil la cama si vengo desde el sillón, de dormitar a intentar dormir.

Se me hace difícil la cama por la bomba en el estómago y el vacío de corazón. Se me hace difícil la cama. Esta cama… ¡qué difícil esta cama!

lunes, 12 de diciembre de 2011

Vamos a desnudarnos.
No a quitarnos la ropa,
vamos a abrirnos la piel.

De las vísceras, de la vagina
desgárrame.
Hierve mi carne
quiero deshacerme en ti
exprimirme sobre ti.
Romperme.
Romperme.
Rómpeme.

Hacer el amor por la necesidad imperiosa de vivir.

No me pidas palabras
solo me queda saliva.

¡Ay!
Tú quieres ser mi abrigo
y yo quiero que sea tu vientre
el que me quite el frío.

lunes, 28 de noviembre de 2011

Escribir como un grito adolescente, un yo me reafirmo a pesar de todo, a pesar del horror, a pesar de las incomprensibles espirales de maldad.

O no conseguí escapar de esa idolatrada juventud que tanto odiaba, o me equivoqué no dejando abrasar mis cuerdas: me siguen gritando las palabras si las dejo caer en el papel (a falta de un vacío al que hacer sonar). Para qué. No hay respuesta. Y eso me paraliza, me enmudece, derrama el blanco, gangrena mi aparato fonador, empodera el silencio y me elimina al fin.

Inmafabilidad será esta patología que me obliga a gritar, resigdurez la solución que me devuelva al caos.

viernes, 7 de octubre de 2011

El metro

Hace unos días escribía que el metro es un arma de depresión masiva. Puntualizo: es un arma de deshumanización masiva, o entera la gran ciudad. Lo mismo es su eco vacío, su bolso vacío, que sus cuencas vacías… sus uñas renegridas… y solo pide por merendar. No pide, ¡clama! mientras los cuerpos impasibles, inmutable el gesto, ni se estremece al olor, ni se sacude la costra, ni levanta la vista de a saber qué mierda de literatura que no conmueve, no enturbia, no remueve las entrañas… Nada pasa. Nada ha pasado. Una ayudita por favor para estos sujetos huecos… Mendigaba sensibilidad, a falta de algo mejor.

miércoles, 28 de septiembre de 2011

Buenos días es abrirse la cabeza a golpes con el ordenador.
O con las paredes.
O salir corriendo.
O quedarme en blanco.
O rabiar de miedo.

Me tiembla el cuerpo.
Rasgarse en cuerdas vocales.
Corrernos como animales.
Kundera: te odio.


….............................................................................................

Se me ha desatado el nervio de la matriz.
Hasta aquí puedo leer. O hasta aquí puedo escribir.

martes, 13 de septiembre de 2011

Epílogo

Mi vida en 130 minutos y un pico.
Enredadas entre dos copas de vino
lo que ardió esa noche no fue la estación.
Se abrió mi corazón más que mis piernas.
República de besos. Viaje al centro de tu tierra.
Descubrí el orgasmo en cada interrogación.
No caminé tanto por ver como por conocer (te).
Tu pecho fue mi almohada y espero, mis caricias tu colchón.

Y tuvimos que volver, pero antes ya no existía.
Y te tuve que querer  como no pensé que querría.
Y declaro el porqué de mi silencio o torpeza con la poesía:

Tu cuerpo empapado me ha dejado sin palabras.

viernes, 2 de septiembre de 2011