Nunca
fue de aniversarios, y en la última revolución tuve que bajar las escaleras de
cuatro en cuatro. Pared donde todo lo veo. Transparencia imposible de atravesar.
Yo soy ruido. Tú silencio. Más te llena su nombre, más vacío mi cuerpo está. O que
yo sí soy de aniversario: el nudo y la piedra. O que llorar hasta altas horas sin
exhibición es como no haber llorado. Como no haber estado. Una ficción. Y ya me
coso las heridas mientras invitas a otras chicas a salir. El don de compartir. El
don de partir
me.
Ahora
me explico por qué cabe tanto amor en ese cuerpo. Nudo y piedra. Nudo y piedra.
Y hasta cuándo eres capaz si se nos pudre el corazón.
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