viernes, 27 de enero de 2012

La casa del terror

[…]

Tú que no has creído nunca en los fantasmas empiezas a verlos en cada acelerón, los escuchas en cada planta, y cuando quieres darte cuenta, uno de los de verdad, no de los de sábana, de los que tienen cara, de los que fueron vivos, de los que no distingues si tienen más putrefacto el cerebro o el corazón, está sentado entre las dos. Y como si de la resurrección se tratase, aquel cuerpo empieza a tomar forma y a mostrarse con nitidez, y sin entender ni cómo ni por qué el fantasma se ha apoderado de mi chica, mi cazuela, de mi luna de miel, y yo estoy ahora en el asiento de atrás, y me convierto en el niño, la niña, en el intento de avivar el fuego pasado del amor, el segundo plano de la foto, el premio de consolación. Y yo que no creía en los fantasmas no puedo dejar de gritar…

Existen. Resisten.

miércoles, 25 de enero de 2012

Nuestra felicidad es como la mermelada de las tostadas que nunca desayunaremos,
de fresa, pero de mentira.

martes, 24 de enero de 2012

A partir de ahora podrás leer la historia de mi vida en prosa. En la misma prosa con la que se escriben los ensayos de gente con traje. No novela. No texto corrido de elevada pretensión. Prosa de tratado macroeconómico, prosa de bajos beneficios y menor inversión. Desde ahora en adelante mi vida se escribe con la prosa de los muebles sin polvo, los zapatos ordenados, el pijama bien doblado, y la puerta cerrada para que no se vaya el calor. Ésta es la prosa de los libros colocados, todos los correos contestados. Prosa exacta. La prosa de producir en cadena ausencias, tedio y ansiedad. Prosa milimetrada, mínimo dos horas entre fumar y fumar. Síndromes controlados, vómitos edulcorados. Mi vida es una prosa tan cuidada que no tiene manchas ni duelos, ni graves excesos, y ahora tampoco ingiero alimento engordador. Los trenes han cogido la mala costumbre de madrugar y ahora tengo café, galletas, yogur, pero no tú para desayunar. La prosa de las sábanas pegadas al colchón. Prosa de una indebida despedida…