viernes, 27 de enero de 2012

La casa del terror

[…]

Tú que no has creído nunca en los fantasmas empiezas a verlos en cada acelerón, los escuchas en cada planta, y cuando quieres darte cuenta, uno de los de verdad, no de los de sábana, de los que tienen cara, de los que fueron vivos, de los que no distingues si tienen más putrefacto el cerebro o el corazón, está sentado entre las dos. Y como si de la resurrección se tratase, aquel cuerpo empieza a tomar forma y a mostrarse con nitidez, y sin entender ni cómo ni por qué el fantasma se ha apoderado de mi chica, mi cazuela, de mi luna de miel, y yo estoy ahora en el asiento de atrás, y me convierto en el niño, la niña, en el intento de avivar el fuego pasado del amor, el segundo plano de la foto, el premio de consolación. Y yo que no creía en los fantasmas no puedo dejar de gritar…

Existen. Resisten.

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