martes, 24 de enero de 2012

A partir de ahora podrás leer la historia de mi vida en prosa. En la misma prosa con la que se escriben los ensayos de gente con traje. No novela. No texto corrido de elevada pretensión. Prosa de tratado macroeconómico, prosa de bajos beneficios y menor inversión. Desde ahora en adelante mi vida se escribe con la prosa de los muebles sin polvo, los zapatos ordenados, el pijama bien doblado, y la puerta cerrada para que no se vaya el calor. Ésta es la prosa de los libros colocados, todos los correos contestados. Prosa exacta. La prosa de producir en cadena ausencias, tedio y ansiedad. Prosa milimetrada, mínimo dos horas entre fumar y fumar. Síndromes controlados, vómitos edulcorados. Mi vida es una prosa tan cuidada que no tiene manchas ni duelos, ni graves excesos, y ahora tampoco ingiero alimento engordador. Los trenes han cogido la mala costumbre de madrugar y ahora tengo café, galletas, yogur, pero no tú para desayunar. La prosa de las sábanas pegadas al colchón. Prosa de una indebida despedida…

No hay comentarios:

Publicar un comentario