Hace unos días escribía que el metro es un arma de depresión masiva. Puntualizo: es un arma de deshumanización masiva, o entera la gran ciudad. Lo mismo es su eco vacío, su bolso vacío, que sus cuencas vacías… sus uñas renegridas… y solo pide por merendar. No pide, ¡clama! mientras los cuerpos impasibles, inmutable el gesto, ni se estremece al olor, ni se sacude la costra, ni levanta la vista de a saber qué mierda de literatura que no conmueve, no enturbia, no remueve las entrañas… Nada pasa. Nada ha pasado. Una ayudita por favor para estos sujetos huecos… Mendigaba sensibilidad, a falta de algo mejor.
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