O cómo regresar a ese país ya tan por suerte o por desgracia casi olvidado. El sudor caliente y las taquicardias, el vértigo al borde del roce de tu piel, las cosquillas que se creían disfrazadas de simple afecto aun siendo sospechosamente pasional, la tinta, las páginas, las canciones, los perdones, las tan inmensas humillaciones, el inalterable dolor.
La ignorancia y de verdad por sentir los besos a través o entre (escondidos) la ropa. Tantas horas de espera comiéndome la pantalla del ordenador; lo siento, ¡me cago en ti trescientas veces!, me parto en dos, no puedo ayudarte(me) con el armario. La ignorancia, Kundera, un alma pérdida y el mismo lugar común que parecía que inventamos.
Mi centro la facultad. Mis lecturas tus palabras. Mi vida tu antojo, tus drogas, tu (¡cómo la envidiaba!) infelicidad. Styska se mi po tobe, y se mezclan la nostalgia (que me ha encontrado sin querer), el futuro y ese tan extraño amor. Mi número favorito me lo presentaste tú, evidencio de nuevo esta ignorancia. Y no sé si es por ti, por mi o por él, por los dos, por las dos, o por los tres; domingo por la tarde en mi canción, sexo que nunca llegó a ser.
Quiero decir que me he topado con la angustia de los veranos sin ti, y he vuelto a mi viejo eco del silencio donde no sé si te sigues asomando por saber qué llevo dentro. Él ya lo sabía, yo se lo conté, tú siempre lo ignoraste. Y este mundo no cambia su eje y una cuarta en discordia me ha lanzado a este inesperado recordar, añorar, saudade, morriña, sehnsucht. Ya no pronuncio tu nombre, aunque se me traba el puto fenómeno gramatical (sí que llega a ser insoportable esta levedad del ser...).
Y no sé si volví a sentir como un ser humano, pero otra puta vez tú no fuiste la causa de esta tristeza y la causa de esta felicidad.
No hay comentarios:
Publicar un comentario