MIAJA DE PAN:
Yo soy la trovadora de la miaja, vengo de allí donde sentir está prohibido, llorar está mal visto y reír es un acto reflejo. Nací en un lugar donde una semana es sólo siete días seguidos y los días una suma de horas repetidos uno tras otro con la misma gracia que tiene el segundero de un reloj, ninguna. El único valor que tiene allí la vida es que es el contrario de la muerte y el propio acto de vivir se antoja más bien como un oficio trabajoso.
De donde yo vengo se aplasta siempre un poquito más el artista que llevamos dentro. La gente no camina, corre. No come, engulle. No habla, sino que escupe palabras a la cara; la gente tiene miedo a las palabras, bueno, a las palabras, al contacto físico, a la verdad... Allí no queda espacio para que se detengan las miradas y hace siglos que no se ha visto a nadie oler. Consumen amor, así que no viven, se consumen.
Vengo de un sitio donde las flores son un anestésico visual, un simple efecto óptico entre tanto negro; de donde no vuelan los pájaros sino el tiempo, por eso he venido aquí, porque no creo que en ese sitio nadie tuviera tiempo para escucharme, o lo que es peor, no creo que yo tuviera tiempo para expresarlo. Soy la trovadora de la Miaja , de la Miaja de pan, encantada de presentarme y encantada de que me conozcáis. No sé muy bien qué he venido a hacer aquí; traigo las manos vacías pero cargadas las palabras y sé que quiero colarme en un cachito de tu semana... poseerte por los oídos y derramarme hasta llegar al fondo... quiero contarte historias, quiero hacerte vibrar... quiero... quiero que sientas... voy a intentar poner una gotita de arte en tu vida... quiero que hagas de tu vida un arte... y quiero que a partir de ahora escuches de manera diferente.
LAS TRANSGRESIONES DE LA MIAJA:
Reventar sentimientos. Contener la lágrima. Reír porque sí. Pasar los días porque hay que pasarlos; nada de empaparme. Sobrevivir por miedo a la muerte.
Caminar por la tierra, no por el cielo. Huir. La gula de tragar sin hambre hasta que el estómago reviente. Vocear y desviar la mirada. Tocarnos sólo como algo feo, sucio y vergonzoso. Seguimos consumiendo amor, seguimos consumiéndolo todo. Y las flores en realidad no existen, y los pájaros llevan un perdigonazo en el corazón. Nadie me escucha, da igual, yo tampoco sé escuchar.
Lo que antes daba vida ahora da muerte. Mi caos mi no caos, mi orden mi desorden. Lo que queda de la Miaja de pan.
“Ahora la cama está de nuevo aquí, el armario allá y la mesa en medio. Y cuando me consume el aburrimiento, recuerdo los tiempos en que fui revolucionario…” (Slawomir Mrozek).
Por volver a empezar.
No hay comentarios:
Publicar un comentario