Estando Jesús en la última cena dijo a sus discípulos “uno de vosotros me va a traicionar”. ¡Pobre!, no sabía que no sería uno, sino millones a lo largo de los siglos los que le fallarían. Si en navidad se olvidaron del niño de Galeano, lloran ahora lágrimas de sangre los que durante el resto del año olvidan, si no repudian, a aquellos yonquis, prostitutas, homosexuales, sin papeles, que honraron al Mesías en el portal de Belén. SPIRITU SANCTUS ORA PRONOBIS.
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