Muchas veces pienso y me pregunto qué es el arte, quién es el artista y si todo esto existe de verdad; más aun cuando acabo de llegar, precisamente, de una velada en la que se divagaba sobre los límites del arte.
También me da por reflexionar muchas veces, sobre el inmenso número de artistas que hay por el mundo: debajo de una piedra hay tres escritores, dos pintores, un escultor, y veinticinco músicos; ¿lo son?
¿Por qué razón podría decir que Quevedo y Góngora son los grandes poetas del barroco español, y sin embargo, no acabaría esta noche de contar los poetas actuales? ¿Lo son? Y sin embargo, tampoco me siento capaz, y no sé si a alguien le sería fácil resaltar, como en el caso anterior, dos nombres del panorama poético actual. Es cierto, que en la época del “cíclope no siciliano” y el “anacreonte español”, el acceso a la educación era completamente limitado, y con la formación que tenemos actualmente, las posibilidades de desarrollar una posible capacidad son inmensamente más grandes; ¿pero es que quiso el destino que las dos genialidades nacieran en unas circunstancias que posibilitaran su desarrollo? ¿Quedaría perdido un genio, aún mayor, entre la tierra y el arado? ¿Quiso, vaya usted a saber quién, que Beethoven no naciese en el seno de una tribu amazónica, para que yo hoy, pueda emocionarme con la 5º Sinfonía? Y sin embargo, otra vez, ¿dónde están los Beethovens de hoy, que sigo disfrutando una y otra vez con el de ayer?
Demasiadas preguntas… y aunque no pretendo llegar a comprender lo que es el arte o el artista, al menos, no creo que pueda en este momento, sí me planteo quién es el que marca aquí el baremo con qué medirlo. Con estudio y mucho esfuerzo podremos adquirir la técnica, ¿pero dónde queda el ingenium? Todos aquellos que se dicen artistas, ¿lo son? ¿Me hace actriz el hecho de plantarme sobre un escenario?
Quizá sobra osadía, autoestima, intereses comerciales, vicio y ocurrencias. Sí, sobra todo eso. Pero me apetece que, especialmente, sobre el hecho de que se utilice el arte como mero objeto comercial, sea cual sea su manifestación. Y no sólo hablo de los mercaderes del arte; me apetece, también, que sobre, por parte del que consume, precisamente eso, la actitud de consumir; y diría más allá, el consumismo. Consumimos libros, consumimos música, consumimos cine… nos atiborramos de arte, y a la vez, devoramos su significado. ¿Puede una canción escuchada sin descanso, seguir transmitiéndonos lo mismo que la primera vez? ¿El sentido que nos ofrece el arte es el de leer tantos libros como sea posible, poseer infinitos higas de música o ver cada noche una película en el ordenador? Nosotros consumimos masivamente, pero a alguien le interesa vender masivamente, aunque sea mierda. Quizás nuestra relación con el arte sería mucho más sana e interesante, si de lo que tratásemos fuera de entender, profundizar, descubrir y dejarnos llevar, en vez de hacer, con algo que debería pertenecer a un plano mucho menos superficial, lo mismo que hacemos con todo: más, más, más y más. Así, por cierto, seguro que alguno de esos artistas, los de ¿lo son?, quedarían por el camino…
Mucha palabrería, mediocre divagación, muchas preguntas y pocas conclusiones… seguiré cuestionándome y seguiré reflexionando… la próxima vez, prometo que con más orden, sentido y sensatez. Mientras, sigamos jugando; yo, a escribir.