viernes, 29 de abril de 2011

Lo peor de aquella estación fue la espera. Yo sabía que podía encontrarme cualquier cosa, pero sentada sobre mis maletas lo único que podía hacer era esperar. Por esas vías pasaban todo tipo de trenes; pequeños vagones de cercanías, trenes que recorrían enormes distancias, infinitas plataformas transportando mercadería, cacharrerías lentas, y motores que corrían como balas. Yo misma acababa de ver como una hilera de vagones escapaba de mi propia mirada casi a la vez que entró, al mismo tiempo que una vieja máquina de vapor recogía algunos pasajeros melancólicos de años pasados y ávidos de un poco de turismo de la tercera edad.

Insisto, yo seguía sentada sobre mis dos pequeñas maletas, las mismas que no mucho tiempo atrás me habían parecido enormes, inmensas, y ahora se habían reducido a dos vulgares y simplones maletines para cualquiera que las viese, pero que guardaban el equipaje básico que yo necesitaba. 

Yo seguía sentada sin saber en qué tren me tocaría montar a mí. Sin saber en cuál de todas esas máquinas tendría que seguir yo mi viaje.

martes, 19 de abril de 2011

Estando Jesús en la última cena dijo a sus discípulos “uno de vosotros me va a traicionar”. ¡Pobre!, no sabía que no sería uno, sino millones a lo largo de los siglos los que le fallarían. Si en navidad se olvidaron del niño de Galeano, lloran ahora lágrimas de sangre los que durante el resto del año olvidan, si no repudian, a aquellos yonquis, prostitutas, homosexuales, sin papeles, que honraron al Mesías en el portal de Belén. SPIRITU SANCTUS ORA PRONOBIS.

jueves, 14 de abril de 2011

14 de abril


"Nobleza hereditaria es la vanidad que yo fundo en que, ochocientos años antes de mi nacimiento, muriese uno que se llamó como yo me llamo, y fue hombre de provecho, aunque yo sea inútil para todo."



"Carta XIII" de las Cartas marruecas de José Cadalso. Año 1789.

domingo, 10 de abril de 2011

ESTÓMAGO

Estómago. La búsqueda de porqués me ha hecho naufragar infinitamente más que el sinsentido. La razón no me enseñó nada mejor que lo que conocí con mis impulsos. Y a veces me da por esperar a la muerte de frente. Prefiero sufrir con la certeza de que tengo que sufrir, que sufrir por no saber si tengo que hacerlo. Nuestra clave, hablarnos en clave. Ni pensando en el futuro, ni en la compra del piso, ni en la elección de la carrera, el amor, o el gimnasio, me sirvieron las inmensas listas de pros y contras que fabriqué para auto convencerme de algo. Si pienso en ti me dan ganas de reventar las paredes. Me falta tiempo, me sobra vida. Esta noche descubrí que ansiedad significa querer ocupar vacíos cuadrados con piezas redondas, querer ocupar los vacíos del alma con rellenos de cartón. Y en esta historia no hay ni segundo plato, ni croquetas. Pero si me dejan me como la cocina entera. ¿Que a qué dedico mi vida? A pensar en ti. A la mierda el equilibrio. Y al final no sé si el corazón me late o me está taladrando el pecho. Escribo porque a veces respirar no es sufriente para seguir viviendo. La gente debería tener más en cuenta a Amelie. Descariñada. No quiero saber nada de mi vida de emergencia, bueno, ni sí, ni no. Me sobra tiempo, me falta vida. Estómago.

domingo, 27 de marzo de 2011

Cinco cigarros.
Tabaco, filtro y papel.
Tras las rejas del balcón
Dios está muerto y resucitado;
y mientras
nada responde a mi llamada.

Cinco cigarros y medio,
excusas del contenido,
sustancia del contingente,
y no deja de entrar gente
en el lupanar de Dios.

Seis cigarros
y sale a fumar, como yo.
Pero cada vez es más de noche
y a mí me cuesta no observarte.
Lo siento si te escondes.
Lo siento si te marchas.
Lo siento si me prendes.

Ocho cigarros,
un palo,
y cambio de posición.
A veces me siento un poco hombre.

Nueve cigarros
y un final escrito.
Ahora tengo frío
y ya casi no puedo ver.
La herradura entre las rejas
no deja de sangrar espinas;
yagas abiertas:
Ellos me venderán.

Ocho cigarros.
Apago el sonido.
Apago las rejas.
Apago el sol.
Alba se ha despertado.

lunes, 14 de marzo de 2011

Polvo de una noche

¿Te importa si leo poesía mientras practicamos el coito? No debería reducir este momento a la burda acción de introducir mi pene en tu pringosa vagina solo por un instinto primario y carnal; yo vivo de sublimar mi tiempo, no voy a permitirme la mixtura con las bajezas de los demás.