Mi nombre es Virginia, tengo 22 años. Estoy en el último curso de una filología cualquiera; el año que viene voy a estudiar un máster, cualquiera también. De dinero no me va mal, he trabajado algún tiempo y puedo permitirme ciertos caprichos. Vivo todavía con mis padres, siempre tengo comida “de mamá” en el plato. Los sábados me emborracho y cada mañana al despertar planifico mi jornada para que me dé tiempo a hacer todo lo que quiero sin caer en el agobio o el estrés: ir a clase, bajar al gimnasio, leer, estudiar, tocar la guitarra, tomar una caña, e intentar irme a la cama a una hora sensata, cosa que nunca consigo. Tengo quien me quiere y aguanta mis gilipolleces, y además follo con relativa frecuencia. En definitiva, estoy hasta el coño de mi vida gris.
Mi nombre es Virginia; me dedico a diseñar la vida que no vivo, a envidiar las vidas que no tengo, a soñar los días que estoy perdiendo.
Mi nombre es Virginia, y soy como el resto, una marioneta que cree controlar los hilos que la manejan.
Mi nombre es Virginia y ni sí, ni no. De salida en salida de emergencia.
Mi nombre es Virginia, muchas gracias por su atención, sigo siendo la reina de la vulgaridad. Me dedico al genocidio del tiempo; por la noche lo curo. Vine al mundo a dejar la huella de nuestra historia, y el tiempo ha borrado la semilla que traje conmigo; lo siento, ya no puedo hacer nada.
Te encontré.
ResponderEliminar¿Pero quién eres? ¿Quién me encuentra?
ResponderEliminarconunpiealborde.blogspot.com
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