domingo, 27 de marzo de 2011

Cinco cigarros.
Tabaco, filtro y papel.
Tras las rejas del balcón
Dios está muerto y resucitado;
y mientras
nada responde a mi llamada.

Cinco cigarros y medio,
excusas del contenido,
sustancia del contingente,
y no deja de entrar gente
en el lupanar de Dios.

Seis cigarros
y sale a fumar, como yo.
Pero cada vez es más de noche
y a mí me cuesta no observarte.
Lo siento si te escondes.
Lo siento si te marchas.
Lo siento si me prendes.

Ocho cigarros,
un palo,
y cambio de posición.
A veces me siento un poco hombre.

Nueve cigarros
y un final escrito.
Ahora tengo frío
y ya casi no puedo ver.
La herradura entre las rejas
no deja de sangrar espinas;
yagas abiertas:
Ellos me venderán.

Ocho cigarros.
Apago el sonido.
Apago las rejas.
Apago el sol.
Alba se ha despertado.

lunes, 14 de marzo de 2011

Polvo de una noche

¿Te importa si leo poesía mientras practicamos el coito? No debería reducir este momento a la burda acción de introducir mi pene en tu pringosa vagina solo por un instinto primario y carnal; yo vivo de sublimar mi tiempo, no voy a permitirme la mixtura con las bajezas de los demás.

jueves, 24 de febrero de 2011

Mi nombre es Virginia, tengo 22 años. Estoy en el último curso de una filología cualquiera; el año que viene voy a estudiar un máster, cualquiera también. De dinero no me va mal, he trabajado algún tiempo y puedo permitirme ciertos caprichos. Vivo todavía con mis padres, siempre tengo comida “de mamá” en el plato. Los sábados me emborracho y cada mañana al despertar planifico mi jornada para que me dé tiempo a hacer todo lo que quiero sin caer en el agobio o el estrés: ir a clase, bajar al gimnasio, leer, estudiar, tocar la guitarra, tomar una caña, e intentar irme a la cama a una hora sensata, cosa que nunca consigo. Tengo quien me quiere y aguanta mis gilipolleces, y además follo con relativa frecuencia. En definitiva, estoy hasta el coño de mi vida gris.

Mi nombre es Virginia; me dedico a diseñar la vida que no vivo, a envidiar las vidas que no tengo, a soñar los días que estoy perdiendo.

Mi nombre es Virginia, y soy como el resto, una marioneta que cree controlar los hilos que la manejan.

Mi nombre es Virginia y ni sí, ni no. De salida en salida de emergencia.

Mi nombre es Virginia, muchas gracias por su atención, sigo siendo la reina de la vulgaridad. Me dedico al genocidio del tiempo; por la noche lo curo. Vine al mundo a dejar la huella de nuestra historia, y el tiempo ha borrado la semilla que traje conmigo; lo siento, ya no puedo hacer nada.

martes, 8 de febrero de 2011

El lenguaje y el sexismo

Quiero dejaros hoy por aquí algo sobre lenguaje y sexismo. Se trata de lo que he escrito para mi sección de La hora del Quemadillo (http://lahoradelquemadillo.blogspot.com), el programa que se emite cada lunes a las 19:30h, en Onda Expansiva, y en el que yo participo.

Me considero enemiga del mal llamado lenguaje no sexista, y tras reiteradas alusiones a esta cuestión en La hora del Quemadillo, decidí explicar de forma seria el por qué de mi odio. Mi intención es generar algún tipo de discusión, polémica o debate; lo que sea. Mi intención es, en cierto modo, la de convencer, o la de que me convenzan aquellas personas que consideran que no tengo razón.  

Os dejo el programa por si lo queréis escuchar, y también el texto escrito, para que cada uno elija el modo de reflexionar.

Gracias.






Todo empezó con la llegada a mi bandeja de entrada de  un correo electrónico llamado CONTRA LA TONTUNA LINGÜÍSTICA, UN POCO DE GRAMÁTICA BIEN EXPLICADA, aunque mis ganas e intenciones llevaban tiempo pensando en escribir algo así.

Pido perdón de antemano por el rollo que empieza; y gracias si esta sección invisible no se queda aquí y consigue generar debate.

Primero leamos el correo:
Está escrito por una profesora de música, de un instituto público, pero eso, es lo de menos.
 
Yo no soy víctima de la LOGSE. Tengo 48 años y he tenido la suerte de estudiar bajo unos planes educativos buenos, que primaban el esfuerzo y la formación de los alumnos por encima de las estadísticas de aprobados y de la propaganda política. En párvulos (así se llamaba entonces lo que hoy es "educación infantil", mire usted) empecé a estudiar con una cartilla que todavía recuerdo perfectamente: la A de "araña", la E de "elefante", la I de "iglesia" la O de "ojo" y la U de "uña". Luego, cuando eras un poco más mayor, llegaba El Parvulito, un librito con poco más de 100 páginas y un montón de lecturas, no como ahora, que pagas por tres tomos llenos de dibujos que apenas traen texto. Eso sí, en El Parvulito, no había que colorear ninguna página, que para eso teníamos cuadernos.

En EGB estudiábamos Lengua Española, Matemáticas (las llamábamos "tracas" o "matracas") Ciencias Naturales, Ciencias Sociales, Plástica (dibujo y trabajos manuales), Religión  y Educación Física. En 8º de EGB, si en un examen tenías una falta de ortografía del tipo de "b en vez de v" o cinco faltas de acentos, te suspendían.
En BUP, aunque yo era de Ciencias, estudié Historia de España (en 1º), Latín y Literatura (en 2º) y Filosofía (en 3º y en COU). Todavía me acuerdo de las declinaciones (la 1ª.: rosa, rosa, rosa, rosae, rosae, rosa en el singular; -ae, -ae, -as, -arum, -is, -is, en el plural; la segunda; -us, -e, -um, -i, -o, -o, en el singular; -i, -i -os, -orum, -is, -is, en el plural; no sigo que os aburro), de los verbos (poto, potas, potare, potabi, potatum, el verbo beber), de algunas traducciones (lupus et agni in fluvi ripa aqua potaban; superior erat lupus longeque agni: ‘el lobo y el cordero bebían agua en el río; el lobo estaba arriba, lejos del cordero’; mihi amiticia cum domino erat: ‘yo era amigo del señor’).

Leí El Quijote y El Lazarillo de Tormes; leí las Coplas a la Muerte de su Padre de Jorge Manrique, a Garcilaso, a Góngora, a Lope de Vega o a Espronceda...

Pero, sobre todo, aprendí a hablar y a escribir con corrección. Aprendí a amar nuestra lengua, nuestra historia y nuestra cultura. Aprendí que se dice presidente y no presidenta, aunque sea una mujer la que desempeñe el cargo.

Y... vamos con la Gramática.

En castellano existen los participios activos como derivado de los tiempos verbales. El participio activo del verbo atacar es atacante; el de salir es saliente; el de cantar es cantante y el de existir, existente. ¿Cuál es el del verbo ser? Es "el ente", que significa ‘el que tiene entidad’, en definitiva ‘el que es’. Por eso, cuando queremos nombrar a la persona que denota capacidad de ejercer la acción que expresa el verbo, se añade a este la terminación -nte.

Así, al que preside, se le llama presidente y nunca presidenta, independientemente del género (masculino o femenino) del que realiza la acción.
De manera análoga, se dice capilla ardiente, no ardienta; se dice estudiante, no estudianta; se dice independiente y no independienta; paciente, no pacienta; dirigente, no dirigenta; residente, no residenta.

Y ahora, la pregunta del millón: nuestros políticos y muchos periodistas (hombres y mujeres, que los hombres que ejercen el periodismo no son periodistos), ¿hacen mal uso de la lengua por motivos ideológicos o por ignorancia de la Gramática de la Lengua Española? Creo que por las dos razones. Es más, creo que la ignorancia los lleva a aplicar patrones ideológicos y la misma aplicación automática de esos patrones ideológicos los hace más ignorantes (a ellos y a sus seguidores).

Lamento haber aguado la fiesta a un grupo de hombres que se habían asociado en defensa del género y que habían firmado un manifiesto. Algunos de los firmantes eran: el dentisto, el poeto, el sindicalisto, el pediatro, el pianisto, el golfisto, el arreglisto, el funambulisto, el proyectisto, el turisto, el contratisto, el paisajisto, el taxisto, el artisto, el periodisto, el violinisto, el taxidermisto, el telefonisto, el masajisto, el gasisto, el trompetisto, el violinisto, el maquinisto, el electricisto, el oculisto, el policío del esquino y, sobre todo, ¡el machisto!

Y hasta aquí el correo. A esta señora le diría que podría discutir algunas cosas con ella, como el ejemplo de presidenta, ya que la lengua es algo vivo, y algunas clases de palabras, como los sustantivos, se crean, se modifican, se prestan, desaparecen… pero ahí lo dejo, para quien quiera reflexionar. Ahora mi opinión. Me quedo con la pregunta ¿hacen mal uso de la lengua por motivos ideológicos o por ignorancia de la Gramática de la Lengua Española? ¿A qué responde el hecho de modificar el lenguaje para convertirlo en no sexista? ¿A una necesidad real, o a pura demagogia y estrategia política?

La respuesta a esta pregunta se encuentra en la fatídica unión que se produce entre la ignorancia que nos posee y la estratagema política, y que en cierto modo son consecutivas la una de la otra. Vivimos en el reino del desconocimiento, no sabemos de nada, pero sin embargo nos permitimos el lujo de opinar de todo. Nos dedicamos a repetir como papagayos lo que oímos en la tele o en la radio a unos tertulianos, y en base a esos conocimientos fundamos nuestra opinión. Así que nadie tiene ni idea de gramática, pero los progres o pseudoprogres se llenan la boca destrozando la lengua en defensa de la igualdad de género, mientras los conservadores y fascistas se llevan las manos a la cabeza por la estupidez de semejantes medidas; eso sí, no aluden a la gramática para nada, es otra panda de impresentables que utiliza la lengua para hacer oposición, y verdaderamente se la sopla la gramaticalidad, o no, de la palabra miembra; si no, echen un ojo a este vídeo y juzguen ustedes mismos: http://www.youtube.com/watch?v=RuuVEEAtZzI&feature=player_embedded

En fin, como la lengua es el instrumento por excelencia para la comunicación y por lo tanto para la demagogia, vamos a darles a estas señoritas feministas, que quieren ser igual que los hombres, la posibilidad de ser jovenas, causantas, o magnatas, y mientras se entretienen inventándose palabras, ya han muerto 7 mujeres a manos de sus parejas durante el primer mes de 2011 y 40 fueron agredidas sexualmente cada día durante el 2010.

Digo yo, si para modificar el código penal, por ejemplo, se necesita gente que sepa de leyes, si existen los asesores fiscales, o comerciales, ¿por qué no son los encargados de modificar, si es necesario, la lengua, la gente que es especialista en eso? Les recuerdo que soy casi filóloga y he dedicado  5 años de mi vida a estudiar la lengua que hablo ahora mismo. ¿Me entrometo yo en el trabajo de un economista si no sé de economía? Pues que sean los filólogos, los gramáticos, los lingüistas, es decir, la gente se dedica al conocimiento y estudio de la lengua, los que expliquen lo que es lenguaje sexista, y lo que no lo es.

Sé que nadie me ha llamado, pero mi deber moral es el de explicar al que quiera conocer. Quizás, exista el día en que alguien nos escuche, y dejemos de decir analfabestiadas y empecemos a luchar desde la base por la igualdad, y es que es más sencillo conocer la lengua que inventarnos una nueva en un claro proceso de inculturización.

Empiezo:
Los nombres personales pueden definirse como el conjunto de sustantivos que designan clases de personas según diversos factores como: la relación de parentesco (padre, madre, hijo…), los grupos de edades (joven, adolescente…), profesiones (periodista, dentista…) o la filiación política social, deportiva, religiosa, etc., como cristiano o republicano.

Estos nombres personales se caracterizan en el léxico, por su particular comportamiento con el género gramatical. Así que estos nombres personales pueden clasificarse como:
·         Variable: niño, -a. Es decir, la desinencia varía según se refiera a varón o a mujer.

·         Ortónimos: abad, se refiere exclusivamente a varón. O abadesa, que se refiere exclusivamente al sexo femenino.

·         Heterónimos: padre y madre. Son invariables como los anteriores, pero el masculino adquiere la función genérica de representar conjuntamente a la pareja constituida como entidad social relevante, en este caso, padres puede designar al padre y a la madre juntos; y en ningún momento el uno es el femenino o masculino del otro.

·         Epicenos: criatura o autoridad. Son invariables; poseen una sola forma y un solo género, masculino o femenino, porque pueden hacer referencia indistintamente a cada uno de los dos sexos porque la información sexual en este caso es irrelevante.

·         Y por último los conflictivos por excelencia, los comunes. Se trata de la clase más productiva en castellano actual, porque la mayoría de los nombres que antiguamente eran invariables ahora se usan como comunes. Por ejemplo, periodista, que pasó de designar al hombre que ejercía el periodismo, a designar también a la mujer, cuando afortunadamente, pudo ejercer también dicha profesión.

Nombres comunes son policía, piloto, militar, magnate, joven… En estos nombres se especifica el género mediante el artículo o el adjetivo, por ejemplo, el piloto rubio, o la piloto morena. ¿Por qué se tiene que sentir ofendida la piloto porque dicha palabra acabe en o? ¿Se ofende el policía por no ser policío? Además, permítanme decirles, y hagan si es necesario un acto de fe, porque no voy a abrir otro frente, que la vocal a no expresa femenino, ni la o masculino, y si no, echen un vistazo a un pequeño corpus de palabras al azar, y destapen el engaño… Por cierto, es a los comunes a los que pertenece el polémico miembro. ¡Ah! Y no sean tan cutres de colocar una @ o un signo de =, en lugar de la vocal correspondiente; ¿alguien me puede explicar cómo suenan? ¿Cómo pronuncia en alto las palabras con @ una persona que lee un manifiesto en público?

Es más, existe la circunstancia en castellano de que el masculino accede con facilidad a significados genéricos, porque en castellano el masculino es el género no marcado; así que, según esto, y puestos a ofendernos, el ofendido debería ser el varón, porque en el ejemplo las periodistas no cabe ningún hombre, pero si queremos aclarar que en los periodistas no hay ninguna mujer, tendremos que especificarlo por ejemplo así: los periodistas varones.

Y por dar una última pincelada: resulta que existe un principio llamado economía del lenguaje, que se traduce en que las personas intentamos decir lo máximo posible con el menor esfuerzo; de ahí que lo natural sea decir todos y no todos y todas. De desdoblar ese todos y todas, lo único que obtenemos es haberlo convertido en un ortónimo, el tipo que diferencia al sexo femenino del masculino, los que determinan que no es lo mismo el abad que la abadesa; y por lo tanto estaríamos admitiendo que las mujeres no son igual que los hombres, y ya bastante les costó a las poetas, que sí entienden algo de lengua, dejar de ser poetisas.




miércoles, 19 de enero de 2011

Chute létrico II



Inyectar
Vomitar
Olvidar

Inyectar
Vomitar
Olvidar

Inyectar
Vomitar
Olvidar

Mañana sólo quedará el recuerdo de esa sensación en una ligera resaca.

viernes, 31 de diciembre de 2010

Nochevieja

Hoy es 31 de diciembre, mañana empiezo una nueva agenda. Por el momento, nada más, relacionado con la fecha, me emociona.

Para empezar, todo lo que voy a hacer por ser Nochevieja, desde ahora mismo hasta mañana, me asquea. Además, me asquean los balances de año de la gente y los propósitos de enmienda; 364 días bobos que encuentran o no su sentido en el último, el 365.

Por fin ha llegado el 31 de diciembre y puedo valorar, ¿quiero ser este 2011 tan inmensamente imbécil como el año que se acaba, o prefiero esta vez superarlo? Indudablemente, el 31 de diciembre te ofrece una perspectiva única, desde un lugar privilegiado que no me ofrecía el día de ayer, ni me lo ofrecerá el de mañana. Y no digo nada hoy, que estamos reflexionando hasta la década…

¡Claro!, mañana empieza un nuevo año, así que vivamos desde las doce campanadas como si fuera el último día de nuestra vida; total, hasta dentro de un año menos el último día no hay necesidad de valorar si comer hasta reventar, beber hasta perder la razón, palpar sin disimulo a quien, por cierto, va prácticamente sin ropa por ti, y empacharse de cocaína para aguantar tanta presión, merece la pena o no. Por cierto, con lo que queda hasta el próximo 31 de diciembre, no encuentro el problema en hacer de mi vida una Nochevieja.

Hace justo tres años, aunque siento que no hubiera pasado el tiempo, escribí que “Yo procuro sentir cada día, y pensar si tiene sentido o no, esta función macabra de la que soy protagonista (http://www.fotolog.com/elecodelsilencio/24845664)”; quizá, cuando estás saliendo de una estación de tren, por ejemplo la de San Lázaro, la vida se ve diferente. Suelo creer que pienso como antes, pero ahora reconozco mi frivolidad; yo también me convierto ahora en una persona, cada vez más, al uso. Antes mi principal objetivo era ser buena, ahora mis frustraciones van por otro camino, y yo no termino de tener claro por donde voy.

Supongo, que en cierto modo, yo también he caído en la trampa al reflexionar sobre mi vida en este último día del año, pero recuerdo entonces lo que pasó un año después, y no he cambiado ni un ápice; si tengo que desearos algo, que siga siendo lo mismo: SENSIBILIDAD.

Feliz año de cualquier modo, que es de buena gente el ser amable. O mejor, sed vosotros los felices.