Hace unos días escribía que el metro es un arma de depresión masiva. Puntualizo: es un arma de deshumanización masiva, o entera la gran ciudad. Lo mismo es su eco vacío, su bolso vacío, que sus cuencas vacías… sus uñas renegridas… y solo pide por merendar. No pide, ¡clama! mientras los cuerpos impasibles, inmutable el gesto, ni se estremece al olor, ni se sacude la costra, ni levanta la vista de a saber qué mierda de literatura que no conmueve, no enturbia, no remueve las entrañas… Nada pasa. Nada ha pasado. Una ayudita por favor para estos sujetos huecos… Mendigaba sensibilidad, a falta de algo mejor.
Existió una persona que podría entenderme. Pero fue, precisamente, la persona que maté.
viernes, 7 de octubre de 2011
miércoles, 28 de septiembre de 2011
Buenos días es abrirse la cabeza a golpes con el ordenador.
O con las paredes.
O salir corriendo.
O quedarme en blanco.
O rabiar de miedo.
Me tiembla el cuerpo.
Rasgarse en cuerdas vocales.
Corrernos como animales.
Kundera: te odio.
….............................................................................................
Se me ha desatado el nervio de la matriz.
Hasta aquí puedo leer. O hasta aquí puedo escribir.
martes, 13 de septiembre de 2011
Epílogo
Mi vida en 130 minutos y un pico.
Enredadas entre dos copas de vino
lo que ardió esa noche no fue la estación.
Se abrió mi corazón más que mis piernas.
República de besos. Viaje al centro de tu tierra.
Descubrí el orgasmo en cada interrogación.
No caminé tanto por ver como por conocer (te).
Tu pecho fue mi almohada y espero, mis caricias tu colchón.
Y tuvimos que volver, pero antes ya no existía.
Y te tuve que querer como no pensé que querría.
Y declaro el porqué de mi silencio o torpeza con la poesía:
Tu cuerpo empapado me ha dejado sin palabras.
lunes, 29 de agosto de 2011
Styska se mi po tobe
O cómo regresar a ese país ya tan por suerte o por desgracia casi olvidado. El sudor caliente y las taquicardias, el vértigo al borde del roce de tu piel, las cosquillas que se creían disfrazadas de simple afecto aun siendo sospechosamente pasional, la tinta, las páginas, las canciones, los perdones, las tan inmensas humillaciones, el inalterable dolor.
La ignorancia y de verdad por sentir los besos a través o entre (escondidos) la ropa. Tantas horas de espera comiéndome la pantalla del ordenador; lo siento, ¡me cago en ti trescientas veces!, me parto en dos, no puedo ayudarte(me) con el armario. La ignorancia, Kundera, un alma pérdida y el mismo lugar común que parecía que inventamos.
Mi centro la facultad. Mis lecturas tus palabras. Mi vida tu antojo, tus drogas, tu (¡cómo la envidiaba!) infelicidad. Styska se mi po tobe, y se mezclan la nostalgia (que me ha encontrado sin querer), el futuro y ese tan extraño amor. Mi número favorito me lo presentaste tú, evidencio de nuevo esta ignorancia. Y no sé si es por ti, por mi o por él, por los dos, por las dos, o por los tres; domingo por la tarde en mi canción, sexo que nunca llegó a ser.
Quiero decir que me he topado con la angustia de los veranos sin ti, y he vuelto a mi viejo eco del silencio donde no sé si te sigues asomando por saber qué llevo dentro. Él ya lo sabía, yo se lo conté, tú siempre lo ignoraste. Y este mundo no cambia su eje y una cuarta en discordia me ha lanzado a este inesperado recordar, añorar, saudade, morriña, sehnsucht. Ya no pronuncio tu nombre, aunque se me traba el puto fenómeno gramatical (sí que llega a ser insoportable esta levedad del ser...).
Y no sé si volví a sentir como un ser humano, pero otra puta vez tú no fuiste la causa de esta tristeza y la causa de esta felicidad.
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