martes, 24 de enero de 2012

A partir de ahora podrás leer la historia de mi vida en prosa. En la misma prosa con la que se escriben los ensayos de gente con traje. No novela. No texto corrido de elevada pretensión. Prosa de tratado macroeconómico, prosa de bajos beneficios y menor inversión. Desde ahora en adelante mi vida se escribe con la prosa de los muebles sin polvo, los zapatos ordenados, el pijama bien doblado, y la puerta cerrada para que no se vaya el calor. Ésta es la prosa de los libros colocados, todos los correos contestados. Prosa exacta. La prosa de producir en cadena ausencias, tedio y ansiedad. Prosa milimetrada, mínimo dos horas entre fumar y fumar. Síndromes controlados, vómitos edulcorados. Mi vida es una prosa tan cuidada que no tiene manchas ni duelos, ni graves excesos, y ahora tampoco ingiero alimento engordador. Los trenes han cogido la mala costumbre de madrugar y ahora tengo café, galletas, yogur, pero no tú para desayunar. La prosa de las sábanas pegadas al colchón. Prosa de una indebida despedida…

jueves, 29 de diciembre de 2011

Cuando tenía once años me arrancaron el corazón,
me robaron la capacidad de amar,
me privaron del sabor amargo de los besos.
Con catorce me destrozaron el pecho a zarpazos.
Cuando tenía catorce años me arrancaron el coño,
me devolvieron pura la capacidad de amar,
me salvaron de la suciedad del sexo.
Crecí.
Amé sin amar.
No follé.
Nadie me enseñó a follar.
Nada tenían que ver amar y follar.
Me arrancaron el corazón,
me prohibieron amar,
me instruyeron en la amargura de los besos
(¡bienaventurado el que escapa a su dulzor!),
despedazaron mis pechos,
y aprendí la vergüenza de follar.
Mística.
Pura.
Inmaculada.
Noble.
Buena.
Ejemplar.
Cuando tenía veintidós años me ensucié.
No con veintiuno.
Tampoco con veinte, diecinueve, o hacia atrás.
Me ensucié con veintidós años.
Cuando tenía veintidós años se hizo más grande el hueco del corazón,
resurgió la capacidad de amar,
gozó mi cuerpo del sabor amargo de cada beso.
Con veintitrés consumo el tiempo por mirarte.
Cuando tenía veintidós años abrí mi coño,
me ensucié,
me corrí,
me calé,
me morí entre tus piernas.
Con veintitrés me consumo ante tu fotografía.
Con veintitrés años duermo abrazada a un cojín.
Quemo las horas mirando tu fotografía.
Chupo presencia y ausencia.
Con veintitrés años.

miércoles, 28 de diciembre de 2011

Repito en mi cabeza tus últimas palabras una y otra vez. No sé bien si por aprenderlo de memoria o por convencerme: dijiste justo lo que yo quería oír. Debajo del edredón soy la más fuerte, nadie se atreve a molestarme… Solo, y alguna vez, esa ansiedad que me golpea con violencia el pecho y me obliga a retorcer el cuerpo entre las sábanas como sufrido de un orgasmo de dolor… Pero ningún (in)humano alarga su mano hasta aquí, así que dedico mis horas negras a construir un escudo que me proteja de ti, a convencerme de que no falta uniforme en esta guerra, mientras espero, ¡Ay de mí! que aparezcas en realidad desarmada y me rescates de entre la ropa y la oscuridad… Que me tomes desnuda, sin armas, y me lleves a recorrerte… Como me han contado que se hace en tantos poemas… Si me encierro es por fe en tu salvavidas, si me callo es la esperanza en tus palabras, aunque ya sé… la bruma no es tan espesa en esa otra orilla.

lunes, 26 de diciembre de 2011

Así como me abro yo
rájate tú ante mí.
No necesito defensa.
Arráncame el pecho
cómete mi corazón,
dales a tus perros mi corazón
dáselo a tus perras
mira cómo sangro,
mira la sangre cómo la vomito…
Rojo y negro.
Coágulos negros.
Vamos a hacer el amor.

domingo, 25 de diciembre de 2011

Se me hace difícil la cama. Por la montaña de ropa, por el agujero de estómago, por la falta de sueño y el exceso de comida. Se me hace difícil la cama en mi huida hacia no pensar, en mi búsqueda del qué sentir, en mi caída en picado hacia la más bruta indolencia.

Se me hace difícil la cama por la pereza de vivir. VIVIR CON MAYÚSCULAS. Se me hace difícil la cama  por ti y sin ti.

Se me hace difícil la cama con esta mierda por el suelo, con el futuro drogado, con el pasado drogado, con el presente vomitado. Se me hace difícil la cama si vengo desde el sillón, de dormitar a intentar dormir.

Se me hace difícil la cama por la bomba en el estómago y el vacío de corazón. Se me hace difícil la cama. Esta cama… ¡qué difícil esta cama!

lunes, 12 de diciembre de 2011

Vamos a desnudarnos.
No a quitarnos la ropa,
vamos a abrirnos la piel.

De las vísceras, de la vagina
desgárrame.
Hierve mi carne
quiero deshacerme en ti
exprimirme sobre ti.
Romperme.
Romperme.
Rómpeme.

Hacer el amor por la necesidad imperiosa de vivir.

No me pidas palabras
solo me queda saliva.

¡Ay!
Tú quieres ser mi abrigo
y yo quiero que sea tu vientre
el que me quite el frío.