miércoles, 22 de agosto de 2012

O lo que es lo mismo: Hostias pragmáticas para amores románticos.


Solo sé escribir bajo exigencia.
Y la poesía me trae de decepción en decepción.
Así pues, no escribo.
Sentimiento intertextual que no consigo plasmar;
sigo huyendo del monosílabo,
pero en mi cabeza.

Sin anáforas no me sé explicar,
y ya solo conozco la anáfora de tu indiferencia.
De noche no sueño, narro.
Oniria o cómo dar vueltas sobre el colchón.
El gusto por esa canción que no te habías parado a escuchar.

El cuento de las horas paradas en el reloj.
Kilómetros que malbaratan el sexo
y alimentan el exceso de peso.
Que el juego siga. Que nos mate la ira
mientras a todas nos falte valor.





martes, 12 de junio de 2012

Huyendo del monosílabo


Nunca fue de aniversarios, y en la última revolución tuve que bajar las escaleras de cuatro en cuatro. Pared donde todo lo veo. Transparencia imposible de atravesar. Yo soy ruido. Tú silencio. Más te llena su nombre, más vacío mi cuerpo está. O que yo sí soy de aniversario: el nudo y la piedra. O que llorar hasta altas horas sin exhibición es como no haber llorado. Como no haber estado. Una ficción. Y ya me coso las heridas mientras invitas a otras chicas a salir. El don de compartir. El don de partir
me.
Ahora me explico por qué cabe tanto amor en ese cuerpo. Nudo y piedra. Nudo y piedra. Y hasta cuándo eres capaz si se nos pudre el corazón.

jueves, 22 de marzo de 2012

Las palabras y las porras

Enmendando el dicho,
a un palmo de la cara la porra del vigilante que sube las escaleras delante de mí,
dime con qué trabajas y te diré quién eres.

viernes, 16 de marzo de 2012

Construir el futuro es sepultarse poco a poco en el sinsentido que repudias de los demás. Hacer de los horarios, la ropa, las fechas de caducidad, la máxima preocupación. Volcar la vida en números, protocolos, ir de aquí para allá y que sobre tiempo para invertir en Zara, no comer entre horas. Llevar una vida ordenada, con borrachera los sábados, claro, y la licencia de hablar, por ejemplo, de cómo va el país, a fin de cuentas, no somos seres vacíos. No hay polvo sobre los muebles y sé decirte qué comeremos durante todo el mes, aunque a veces me empeñe en ser otra, o sea yo. Asumido pues que el futuro es negro, no por ellos, sino por ser yo como vosotros, alargo el gesto, y amargura en mano me cuelo entre la masa asustada por los fallos del wassup, y no, no me distinguís, porque trabajo para quién, hace tiempo que olvido que tengo sueños y vocaciones, me levanto y ejerzo, limpio y planifico, gasto las horas clavada en el vacío para volver a empezar, ¡vaya!, cuántas cosas que hacer, qué ocupada estoy, el ordenador me va a comer la vida. Ahora me empeño en que mis zapatillas parezcan siempre nuevas, así llegaré como si nada, como si no hubieran pasado hoy o ayer, a la existencia nueva, que como siempre espero que sea mañana, porque olvido que tengo tren de huida hacia el pasado, hacia aquí nada ha cambiado, os lo inventáis. Tren de números, trabajo porque olvidé que iba a morir, hice kilómetros para comprar felicidad pero solo traje ropa, tren de alta velocidad, como estos días. Y suena el teléfono, y estamos en crisis, ¡polvo de la semana!, y ya es primavera, te quiero cariño, ocho de la mañana, dormir.  

Qué asco me dais. Pero sobre todo, me dais asco porque me estoy convirtiendo en uno de vosotros.

martes, 14 de febrero de 2012


Mi abuela es viuda, como yo. Desayunar, esperar a comer, comer, esperar a merendar, merendar, esperar a cenar, cenar, hacer tiempo, dormir.

Mi abuela llora a la foto de mi abuelo. Yo lloro delante del ordenador. Mientras mi abuela llora se hace un atajo la muerte; a mí la viudez me vino por casarme con ella. Yo lloro por hacerle un atajo a la vida.

Y así, viudas, se nos consumen los días; haciendo atajos. Desayunar, esperar a comer, comer, esperar a merendar, merendar, esperar a cenar, cenar, hacer tiempo, dormir.

viernes, 27 de enero de 2012

La casa del terror

[…]

Tú que no has creído nunca en los fantasmas empiezas a verlos en cada acelerón, los escuchas en cada planta, y cuando quieres darte cuenta, uno de los de verdad, no de los de sábana, de los que tienen cara, de los que fueron vivos, de los que no distingues si tienen más putrefacto el cerebro o el corazón, está sentado entre las dos. Y como si de la resurrección se tratase, aquel cuerpo empieza a tomar forma y a mostrarse con nitidez, y sin entender ni cómo ni por qué el fantasma se ha apoderado de mi chica, mi cazuela, de mi luna de miel, y yo estoy ahora en el asiento de atrás, y me convierto en el niño, la niña, en el intento de avivar el fuego pasado del amor, el segundo plano de la foto, el premio de consolación. Y yo que no creía en los fantasmas no puedo dejar de gritar…

Existen. Resisten.